Sordera y comunicación: Copying Beethoven (2006)

De "Wikisalud - Biblioteca Universitaria Ciencias de la Salud de Sevilla"

"Copying Beethoven"  .2006.


Tabla de contenidos

[editar] Copying Beethoven

Resumen:

Copying Beethoven relata la historia ficticia de Anna Holtz, una joven copista y aspirante a compositora de 23 años que carece de medios e intenta encontrar la inspiración y el éxito en Viena, la capital mundial de la música donde estudia en el conservatorio. Consigue una oportunidad para trabajar con el genial compositor Ludwig Van Beethoven que la pone a prueba y viendo las dotes y la especial valía que demuestra para la música la contrata como copista. Da así comienzo a una extraordinaria relación que cambiará la vida de ambos. Anna comparte con el genio el último año de vida, ayudándole a completar su Novena Sinfonía. El difícil y temperamental carácter del maestro no se lo pondrá fácil, pero el tesón de Holtz y a su franca sinceridad, conseguirán que Beethoven se encariñe con la joven, llegando a encontrarla insustituible.


[editar] La película

"Copying Beethoven" .2006.


Género: Drama de época.

Año: 2006.

País: Estados Unidos.

Director:Agnieszka Holland.

Actores:Ed Harris, Diane Kruger, Matthew Goode, Phyllida Law, Nicholas Jones, Joe Anderson.

Producción:Coproducción USA-Alemania-Hungría.

Guión: Stephen J. Rivele, Christopher Wilkinson.

Música: Ludwig Van Beethoven.

Fotografía:Ashley Rowe .

Duración: 104 min.


[editar] El director

Agnieszka Holland.Varsovia, Polonia,1948-
Agnieszka Holland.
Varsovia, Polonia,1948-

Agnieszka Holland nacida el 28 de noviembre de 1948 en Varsovia, Polonia de padre judío y madre católica, fue criada en el catolicismo. Muy reconocida por sus muy politizadas contribuciones a la nueva ola del cine polaco, Agnieszka Holland es considerada como una de las más prominentes cineastas polacas. Holland se graduó en la Academia de Cine y Televisión de Praga (FAMU) en 1971. Empezó su carrera como asistente de dirección de directores polacos como Krzysztof Zanussi (Illuminacja, 1973) y Andrzej Wajda, (Danton, 1982).

La primera película importante de Holland fue Provincial Actors (Aktorzy Prowincjonalni, 1978), una crónica de las tensas relaciones entre los bastidores de una pequeña compañía de teatro que sirve como metáfora de la situación política polaca contemporánea. La película ganó el Premio Internacional de la Crítica del Festival de Cannes (1980).

Holland sólo dirigió dos películas más en Polonia, Fever (Gorączka, 1980) y A Lonely Woman (Kobieta samotna, 1981), antes de emigrar a Francia justo antes de que el general Jaruzelsky declarara el Estado de Sitio en Polonia en diciembre de 1981.

Holland recibió una nominación al Oscar a la mejor película de habla no inglesa por Angry Harvest (Bittere Ernte, 1985), una producción alemana sobre la huida de una mujer judía durante la Segunda Guerra Mundial.

La película que seguramente más distingue a la directora, y para muchos su mejor película hasta la fecha, es Europa Europa (1991), basada en la biografía de Solomon Perel, un adolescente judío que huyó de Alemania a Polonia después de la Noche de los cristales rotos en 1938. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión de Polonia, Perel huyó al sector de Polonia ocupado por la Unión Soviética. Al ser posteriormente capturado por los alemanes durante la Operación Barbarroja en 1941, Soloman consigue convencer a un oficial alemán de ser un joven alemán, para pasar a encontrarse enrolado en las Juventudes Hitlerianas.

La película recibió una recepción fría en Alemania y el comité alemán que seleccionaba las películas para los Óscar no la incluyó como candidata para el Óscar a la mejor película extranjera de 1991 en representación del país. No obstante, la película se convirtió en la película alemana de más éxito en Estados Unidos, ganando el Globo de Oro y una nominación al Oscar al mejor guión adaptado.

Siendo amiga del gran escritor y director poláco Krzysztof Kieślowski, Holland ha colaborado en el guión de su película Tres colores: Azul. Como Kieślowski, Holland frecuentemente analiza temas relacionados con la fe en su trabajo.

En una entrevista concedida en 1988, dijo que aunque las mujeres eran importantes en sus películas, el feminismo no es el tema central de su trabajo, comentando que cuando hacía sus películas en Polonia bajo el régimen comunista, se daba una atmósfera de solidaridad intergenérica contra la censura, que fue considerada como un problema político.

Entre las últimas películas de Holland se encuentran: Olivier, Olivier (1992), El jardín secreto (The Secret Garden, 1993), Vidas al límite (Total Eclipse 1995),Washington Square (1997), la producción de la HBO Shot in the Heart (2001) y Julia Walking Home (2001), The Healer (2004) y Copying Beethoven (2006).

Es madre de la directora de cine Kasia Adamik.

Fuente: Wikipedia


Filmografía:

  • The Killing (2011)Serie TV
  • In Darkness (2011)
  • Treme (2010) Serie TV
  • Copying Beethoven (2006)
  • Julie vuelve a casa (2002)
  • Historia de vida (2001)
  • El tercer milagro (1999)
  • Washington Square (1997)
  • Vidas al límite (1995)
  • El jardín secreto (1993)
  • Olivier, Olivier (1992)
  • Europa, Europa (1990)
  • Conspiración para matar a un cura (1988)
  • Amarga cosecha (1985)
  • Una mujer sola (1981)
  • Fiebre (1981)
  • Actores provinciales (1979)
  • The Film Test (1977)


[editar] Los actores

"Copying Beethoven " .2006.
"Copying Beethoven " .
2006.



[editar] La banda sonora

Ludwig Van Beethoven.Bonn, 1770-Viena,  1827
Ludwig Van Beethoven.
Bonn, 1770-Viena, 1827


A las cinco de la tarde del 26 marzo de 1827 se levantó en Viena un fuerte viento que momentos después se transformaría en una impetuosa tormenta. En la penumbra de su alcoba, un hombre consumido por la agonía está a punto de exhalar su último suspiro. Un intenso relámpago ilumina por unos segundos el lecho de muerte. Aunque no ha podido escuchar el trueno que resuena a continuación, el hombre se despierta sobresaltado, mira fijamente al infinito con sus ojos ígneos, levanta la mano derecha con el puño cerrado en un último gesto entre amenazador y suplicante y cae hacia atrás sin vida. Un pequeño reloj en forma de pirámide, regalo de la duquesa Christiane Lichnowsky, se detiene en ese mismo instante. Ludwig van Beethoven, uno de los más grandes compositores de todos los tiempos, se ha despedido del mundo con un ademán característico, dejando tras de sí una existencia marcada por la soledad, las enfermedades y la miseria, y una obra que, sin duda alguna, merece el calificativo de genial.

Ludwig van Beethoven nacido en Bonn en 1770, creció en el Palatinado, sometido a los usos y costumbres cortesanos propios de los estados alemanes; desde allí saludaría la Revolución francesa y luego el advenimiento de Napoleón como el gran reformador y liberador de la Europa feudal, para acabar contemplando desilusionado con la consolidación del Imperio francés. Su obra arrasó como un huracán las convenciones musicales clasicistas de su época y tendió un puente directo, más allá del romanticismo posterior, con Brahms y Wagner, e incluso con músicos del siglo XX como Bartók, Berg y Schonberg. Su personalidad configuró uno de los prototipos del artista romántico defensor de la fraternidad y la libertad, apasionado y trágico.

La familia Beethoven era originaria de Flandes, lo que no era un hecho extraordinario entre los servidores de la provinciana corte de Bonn en el Palatinado. Ludwig, el abuelo del compositor, en cuya memoria se le impuso su nombre, se había instalado en 1733 en Bonn, ciudad en la que llegó a ser un respetado maestro de capilla de la corte del elector. Dentro del rígido sistema social de su tiempo, Johann, su hijo, también fue educado para su ingreso en la capilla palatina. El padre de Beethoven, sin embargo, no destacó precisamente por sus dotes musicales, sino más bien por su alcoholismo; a su muerte, en 1792, se ironizó con crueldad en la corte sobre el descenso de ingresos fiscales por consumo de bebidas en la ciudad.

Johann se casó con María Magdalena Keverich en 1767, y tras un primer hijo también llamado Ludwig, que murió poco después de nacer, nació el 16 de diciembre de 1770 el que habría de ser compositor. A Ludwig siguieron otros dos niños, a los que pusieron los nombres de Caspar Anton Karl y Nikolauss Johann. A la muerte del abuelo, auténtico tutor de la familia (Ludwig contaba entonces tres años de edad), la situación moral y económica del matrimonio se deterioró rápidamente. El dinero escaseó; los niños andaban mal nutridos y no era infrecuente que fueran golpeados por el padre; la madre iba consumiéndose, hasta el extremo de que, al morir en 1787 a los cuarenta años, su aspecto era el de una anciana.

Parece ser que Johann se percató pronto de las dotes musicales de Ludwig y se aplicó a educarlo con férrea disciplina como concertista, con la idea de convertirlo en un niño prodigio mimado por la fortuna, a la manera del primer Mozart. En 1778 el niño tocaba el clave en público y llamó la atención del anciano organista Van den Eeden, que se ofreció a darle clases gratuitamente. Un año más tarde, Johann decidió encargar la formación musical de Ludwig a su compañero de bebida Tobias Pfeiffer, músico mucho mejor dotado y no mal profesor, pese a su anarquía alcohólica que, ocasionalmente, imponía clases nocturnas al niño cuando se olvidaba de darlas durante el día.

Los testimonios de estos años trazan un sombrío retrato del niño, hosco, abandonado y resentido, hasta que en su destino se cruzó Christian Neefe, un músico llegado a Bonn en 1779, quien tomó a su cargo no sólo su educación musical, sino también su formación integral. Diez años más tarde, el joven Beethoven le escribió: «Si alguna vez me convierto en un gran hombre, a ti te corresponderá una parte del honor». A Neefe se debe, en cualquier caso, la nota publicada en el Cramer Magazine en marzo de 1783, en la que se daba noticia del virtuosismo interpretativo de Beethoven, superando «con habilidad y con fuerza» las dificultades de El clave bien temperado de Johann Sebastian Bach, y de la publicación en Mannheim de las nueve Variaciones sobre una marcha de Dressler, que constituyeron sin duda alguna su primera composición.

En junio de 1784 Maximilian Franz, el nuevo elector de Colonia (que habría de ser el último), nombró a Ludwig, que entonces contaba catorce años de edad, segundo organista de la corte, con un salario de ciento cincuenta guldens. El muchacho, por aquel entonces, tenía un aire severo, complexión latina (algunos autores la califican de «española» y recuerdan que este tipo de físico apareció en Flandes con la dominación española) y ojos oscuros y voluntariosos; a lo largo de su vida, algunos los vieron negros, y otros gris verdosos, siendo casi seguro que su tonalidad varió con la edad o con sus estados de ánimo.

Amarga habría sido la vida del joven Ludwig en Bonn, sobre todo tras la muerte de su madre en 1787, si no hubiera encontrado un círculo de excelentes amigos que se reunían en la hospitalaria casa de los Breuning: Stefan y Eleonore von Breuning, a la que se sintió unido con una apasionada amistad, Gerhard Wegeler, su futuro marido y biógrafo de Beethoven, y el pastor Amenda. Ludwig compartía con los jóvenes Von Breuning sus estudios de los clásicos y, a la vez, les daba lecciones de música. Habían corrido ya por Bonn (y tal vez este hecho le abriera las puertas de los Breuning) las alabanzas que Mozart había dispensado al joven intérprete con ocasión de su visita a Viena en la primavera de 1787. Cuenta la anécdota que Mozart no creyó en las dotes improvisadoras del joven hasta que Ludwig le pidió a Mozart que eligiera él mismo un tema. Quizá Beethoven recordaría esa escena cuando, muchos años más tarde, otro muchacho, Liszt, solicitó tocar en su presencia en espera de su aprobación y aliento.

Estos años de formación con Neefe y los jóvenes Von Breuning fueron de extrema importancia porque conectaron a Beethoven con la sensibilidad liberal de una época convulsionada por los sucesos revolucionarios franceses, y dieron al joven armas sociales con las que tratar de tú a tú, en Bonn y, sobre todo, en Viena, a la nobleza ilustrada. Pese a sus arranques de mal humor y carácter adusto, Beethoven siempre encontró, a lo largo de su vida, amigos fieles, mecenas e incluso amores entre los componentes de la nobleza austriaca, cosa que el más amable Mozart a duras penas consiguió.

Beethoven tenía sin duda el don de establecer contactos con el yo más profundo de sus interlocutores; aun así, sorprende la fidelidad de sus relaciones en la élite, especialmente si se considera que no estaban habituadas a un lenguaje igualitario, cuando no zumbón o despectivo, por parte de sus siervos, los músicos. Forzosamente la personalidad de Beethoven debía subyugar, incluso al margen de la genialidad y grandeza de sus creaciones. Así, su amistad con el conde Waldstein fue decisiva para establecer los contactos imprescindibles que le permitieron instalarse en Viena, centro indiscutible del arte musical y escénico, en noviembre de 1792.

El avance de las tropas francesas sobre Bonn y la estabilidad del joven Beethoven en Viena convirtieron lo que tenía que ser un viaje de estudios bajo la tutela musical de Haydn en una estancia definitiva. Allí, al poco de llegar, recibió la entusiasta protección del príncipe Lichnowsky, quien lo hospedó en su casa, y recibió lecciones de Johann Schenck, del teórico de la composición Albrechtsberger y del maestro dramático Antonio Salieri.

Sus éxitos como improvisador y pianista eran notables, y su carrera como compositor parecía asegurada económicamente con su trabajo de virtuoso. Porque, entretanto, el joven Beethoven componía infatigablemente: fue éste, de 1793 a 1802, su período clasicista, bajo la benéfica influencia de la obra de Haydn y de Mozart, en el que dio a luz sus primeros conciertos para piano, las cinco primeras sonatas para violín y las dos para violoncelo, varios tríos y cuartetos para cuerda, el lied Adelaide y su primera sinfonía, entre otras composiciones de esta época. Su clasicismo no ocultaba, sin embargo, una inequívoca personalidad que se ponía de manifiesto en el clima melancólico, casi doloroso, de sus movimientos lento y adagio, reveladores de una fuerza moral y psíquica que se manifestaba por vez primera en las composiciones musicales del siglo.

Su fama precoz como compositor de conciertos y graciosas sonatas, y sobre todo su reputación como pianista original y virtuoso le abrieron las puertas de las casas más nobles. La alta sociedad lo acogió con la condescendencia de quien olvida generosamente el origen pequeño burgués de su invitado, su aspecto desaliñado y sus modales asociales. Porque era evidente que Beethoven no encajaba en aquellos círculos exclusivos; era un lobo entre ovejas. Seguro de su propio valor, consciente de su genio y poseedor de un carácter explosivo y obstinado, despreciaba las normas sociales, las leyes de la cortesía y los gestos delicados, que juzgaba hipócritas y cursis. Siempre atrevido, se mezclaba en las conversaciones íntimas, estallaba en ruidosas carcajadas, contaba chistes de dudoso gusto y ofendía con sus coléricas reacciones a los distinguidos presentes. Y no se comportaba de tal manera por no saber hacerlo de otro modo: se trataba de algo deliberado. Pretendía demostrar con toda claridad que jamás iba a admitir ningún patrón por encima de él, que el dinero no podía convertirlo en un ser dócil y que nunca se resignaría a asumir el papel que sus mecenas le reservaban: el de simple súbdito palaciego. En este rebelde propósito se mantuvo inflexible a lo largo de toda su vida. No es extraño que tal actitud despertase las críticas de quienes, aun reconociendo sinceramente que estaban ante un compositor de inmenso talento, lo tacharon de misántropo, megalómano y egoísta. Muchos se distanciaron de él y hubo quien llegó a retirarle el saludo y a negarle la entrada a sus salones, sin sospechar que Beethoven era la primera víctima de su carácter y sufría en silencio tales muestras de desafecto.

Durante estos «años felices», Beethoven llevaba en Viena una vida de libertad, soledad y bohemia, auténtica prefiguración de la imagen tópica que, a partir de él, la sociedad romántica y postromántica se forjaría del «genio». Esta felicidad, sin embargo, empezó a verse amenazada muy pronto, ya en 1794, por los tenues síntomas de una sordera que, de momento, no parecía poner en peligro su carrera de concertista. Como causa los biógrafos discutieron la hipótesis de la sífilis, enfermedad muy común entre los jóvenes que frecuentaban los prostíbulos de Viena, y que, en cualquier caso, daría nueva luz al enigma de la renuncia de Beethoven, al parecer dolorosa, a contraer matrimonio. La gran crisis moral de Beethoven no estalló, sin embargo, hasta 1802.

En 1801 y 1802 la progresión de su sordera, que Beethoven se empeñaba en ocultar para proteger su carrera de intérprete, fue tal que el doctor Schmidt le ordenó un retiro campestre en Heiligenstadt, un hermoso paraje con vistas al Danubio y los Cárpatos. Ello supuso un alejamiento de su alumna, la jovencísima condesa Giulietta Guicciardi, de la que estaba profundamente enamorado y por la que parecía ser correspondido. Obviamente, Beethoven no sanó y la constatación de su enfermedad le sumió, como es lógico que ocurriera en un músico, en la más profunda de las depresiones.

En una carta dirigida a su amigo Wegener en 1802, Beethoven había escrito: "Ahora bien, este demonio envidioso, mi mala salud, me ha jugado una mala pasada, pues mi oído desde hace tres años ha ido debilitándose más y más, y dicen que la primera causa de esta dolencia está en mi vientre, siempre delicado y aquejado de constantes diarreas. Muchas veces he maldecido mi existencia. Durante este invierno me sentí verdaderamente miserable; tuve unos cólicos terribles y volví a caer en mi anterior estado. Escucho zumbidos y silbidos día y noche. Puedo asegurar que paso mi vida de modo miserable. Hace casi dos años que no voy a reunión alguna porque no me es posible confesar a la gente que estoy volviéndome sordo. Si ejerciese cualquier otra profesión, la cosa sería todavía pasable, pero en mi caso ésta es una circunstancia terrible; mis enemigos, cuyo número no es pequeño, ¿qué dirían si supieran que no puedo oír?"

Para colmo, Giulietta, la destinataria de la sonata Claro de luna, concertó su boda con el conde Gallenberg. La historia, que se repetiría años después con Josephine von Brunswick, debiera haber hecho comprender al orgulloso artista que la aristocracia podía aceptarle como enamorado e incluso como amante de sus mujeres, pero no como marido. El caso es que el músico creyó acabada su carrera y su vida y, acaso acariciando ideas de un suicidio a lo Werther, la famosa novela de juventud de Goethe, se despidió de sus hermanos en un texto ciertamente patético y grandioso que, de hecho, parecía más bien dirigido a sus contemporáneos y a la humanidad toda: el llamado Testamento de Heiligenstadt.

No intentó el suicidio, sino que regresó en un estado de total postración y desaliño a Viena, donde reanudó sus clases particulares. La salvación moral vino de su fortaleza de espíritu, de su arte, pero también del benéfico influjo de sus dos alumnas, las hermanas Josephine y Therese von Brunswick, enamoradas a la vez de él. Parece ser que la tensión emocional del «trío» llegó a un estado límite en el verano de 1804, con la ruptura entre las dos hermanas y la clara oposición familiar a una boda. Therese, quien se mantuvo fiel toda su vida en sus sentimientos por el genio, lamentaría años más tarde su participación en el alejamiento de Ludwig y Josephine: «Habían nacido el uno para el otro, y, si se hubiesen unido, los dos vivirían todavía». La reconciliación tuvo lugar al año siguiente, y fue entonces Therese la hermana idolatrada por Ludwig. Pero ahora era el músico el que no se decidía a dar un paso definitivo y, en 1808, pese a que le había dedicado la Sonata, Op. 78, Therese abandonó toda esperanza de vida en común y se consagró a la creación y tutela de orfanatos en Hungría. Murió, canonesa conventual, a los ochenta y seis años.

La mayoría de críticos, aun respetando la unidad orgánica de la obra de Beethoven, coinciden en señalar este período, de 1802 a 1815, como el de su madurez. Técnicamente consiguió de la orquesta unos recursos insospechados sin modificar la composición tradicional de los instrumentos y revolucionó la escritura pianística, amén de ir transformando poco a poco el dualismo armónico de la sonata en caja de resonancia del contrapunto. Pero, desde un punto de vista programático, el período de madurez de Beethoven se caracterizó por su empeño de superación titánica del dolor personal en belleza o, lo que es lo mismo, por su consagración del artista como héroe trágico dispuesto a enfrentarse y domeñar el destino.

Obras maestras de este período son, entre otras, el Concierto para violín y orquesta en re mayor, Op. 61 y el Concierto para piano número 4, las oberturas de Egmont y Coriolano, las sonatas A Kreatzer, Aurora y Appassionata, la ópera Fidelio y la Misa en do mayor, Op 86. Mención especial merecen sus sinfonías, que tanto pudieron desconcertar a sus primeros oyentes y en las que, sin embargo, su genio consiguió crear la sensación de un organismo musical, vivo y natural, ya conocido por la memoria de quienes a ellas se acercan por primera vez.

La tercera sinfonía estaba, en un principio, dedicada a Napoleón por sus ideales revolucionarios; la dedicatoria fue suprimida por Beethoven cuando tuvo noticia de su coronación como emperador. («¿Así pues -clamó-, también él es un ser humano ordinario? ¿También él pisoteará ahora los derechos del hombre?»). El drama del héroe convertido en titán llegó a su cumbre en la quinta sinfonía, dramatismo que se apacigua con la expresión de la naturaleza en la sexta, en la mayor alegría de la séptima y en la serenidad de la octava, ambas de 1812.

La gran crisis fue superada y se transmutó en la grandiosidad de su arte. Su situación económica, además, estaba asegurada gracias a las rentas concedidas desde 1809 por sus admiradores el archiduque Rudolf, el duque Lobkowitz y su amigo Kinsky o la condesa Erdödy. Pese a su carácter adusto, imprevisible y misantrópico, ya no ocultaba su sordera como algo vergonzante, y su vida sentimental, acaso sin llegar a las profundidades espirituales de su amor por Josephine y Therese, era rica en relaciones: Therese Maltati, Amalie Sebald y Bettina Brentano pasaron por su vida amorosa, siendo esta última quien propició el encuentro de Beethoven con su ídolo Goethe.

La relación fue decepcionante: el compositor reprochó a Goethe su insensibilidad musical, y el poeta censuró las formas descorteses de Beethoven. Es famosa en este sentido una anécdota, verdadera o no, que habría tenido lugar en verano de 1812: mientras se hallaba paseando por el parque de Treplitz en compañía de Goethe, vio venir por el mismo camino a la emperatriz acompañada de su séquito; el escritor, cortés ante todo, se apartó para dejar paso a la gran dama, pero Beethoven, saludando apenas y levantando dignísimamente su barbilla, dio en atravesar por su mitad el distinguido grupo sin prestar atención a los saludos que amablemente se le dirigían.

En términos generales, y pese a sus fracasados proyectos matrimoniales, el período fue extraordinariamente fructífero, incluso en el terreno social y económico. Así, Beethoven tuvo ocasión de dirigir una composición de «circunstancias», Victoria de Wellington, ante los príncipes y soberanos europeos llegados a la capital de Austria para acordar el nuevo orden europeo que habría de regular la sucesión napoleónica y contrarrestar el peligro de toda revolución liberal en Europa. Los más reputados compositores e intérpretes de Viena actuaron como humildes ejecutantes, en homenaje a Beethoven, en aquel concierto de éxito apoteósico.

El genio, sin embargo, no se privó de menospreciar públicamente su propia composición, repleta de sonidos onomatopéyicos de cañonazos y descargas de fusilería, tildándola de bagatela patriótica. El Congreso de Viena marcó en 1813 el fin de la gloria mundana del compositor, pues sólo dos años más tarde habría de derrumbarse el frágil edificio de su estabilidad. Ello ocurriría en el terreno más inesperado, el familiar, y concretamente en el ámbito de sus relaciones, de facto paternofiliales, con su sobrino Karl: si el genio había rehuido el matrimonio para mejor poder consagrarse al arte, de poco habría de servirle tal renuncia en los últimos y dolorosos años de su vida.

En 1815 murió su hermano Karl, dejando un testamento de instrucciones algo contradictorias sobre la tutela del hijo: éste, en principio, quedaba en manos de Beethoven, quien no podría alejar al hijo de Johanna, la madre. Beethoven entregó de inmediato por su sobrino Karl todo el afecto de su paternidad frustrada y se embarcó en continuos procesos contra su cuñada, cuya conducta, a sus ojos disoluta, la incapacitaba para educar al niño. Hasta 1819 no volvió a embarcarse en ninguna composición ambiciosa. Las relaciones con Karl eran, además, todo un infierno doméstico y judicial, cuyos puntos culminantes fueron la escapada del joven en 1818 para reunirse con su madre o su posterior elección de la carrera militar, llevando una vida ciertamente escandalosa que le condujo en 1826 al previsible intento de suicidio por deudas de juego. Para Beethoven, el incidente colmó su amargura y su pública deshonra.

Desde 1814 dejó de ser capaz de mantener un simple diálogo, por lo que empezó a llevar siempre consigo un "libro de conversación" en el que hacía anotar a sus interlocutores cuanto querían decirle. Pero este paliativo no satisfacía a un hombre temperamental como él y jamás dejó de escrutar con desconfianza los labios de los demás intentando averiguar lo que no habían escrito en su pequeño cuaderno. Su rostro se hizo cada vez más sombrío y sus accesos de cólera comenzaron a ser insoportables. Al mismo tiempo, Beethoven parecía dejarse llevar por la pendiente de un caos doméstico que horrorizaba a sus amigos y visitantes. Incapaz de controlar sus ataques de ira por motivos a veces insignificantes, despedía constantemente a sus sirvientes y cambiaba sin razón una y otra vez de domicilio, hasta llegar a vivir prácticamente solo y en un estado de dejadez alarmante. El desastre económico se sumó casi necesariamente al doméstico pese a los esfuerzos de sus protectores, incapaces de que el genio reordenara su vida y administrara sus recursos. El testimonio de visitantes de toda Europa, y muy especialmente de Inglaterra, es, en este sentido, coincidente. El propio Rossini quedó espantado ante las condiciones de incomodidad, rayana en la miseria, del compositor. Honesto es señalar, sin embargo, que siempre que Beethoven solicitó una ayuda o dispendio de sus protectores, austriacos e ingleses, éstos fueron generosos.

En la producción de este período 1815-1826, comparativamente más escasa, Beethoven se desvinculó de todas las tradiciones musicales, como si sus quebrantos y frustraciones, y su poco envidiable vida de anacoreta desastrado le hubieran dado fuerzas para ser audaz y abordar las mayores dificultades técnicas de la composición, paralelamente a la expresión de un universo progresivamente depurado. Si en su segundo período Beethoven expresó espiritualmente el mundo material, en este tercero lo que expresó fue el éxtasis y consuelo del espiritual. Es el caso de composiciones como la Sonata para piano en mi mayor, Op. 109, en bemol mayor, Op. 110, y en do menor, Op. 111, pero, sobre todo, de la Missa solemnis, de 1823, y de la novena sinfonía, de 1824, con su imperecedero movimiento coral con letra de la Oda a la alegría de Schiller.

La Missa solemnis pudo maravillar por su monumentalidad, especialmente en la fuga, y por su muy subjetiva interpretación musical del texto litúrgico; pero la apoteosis llegó con la interpretación de la novena sinfonía, que aquel 7 de mayo de 1824 cerraba el concierto iniciado con fragmentos de la Missa solemnis. Beethoven, completamente sordo, dirigió orquesta y coros en aquel histórico concierto organizado en su honor por sus viejos amigos. Acabado el último movimiento, la cantante Unger, comprendiendo que el compositor se había olvidado de la presencia de un público delirante de entusiasmo al que no podía oír, le obligó con suavidad a ponerse de cara a la platea.

El año siguiente todavía Beethoven afrontó composiciones ambiciosas, como los innovadores Cuartetos para cuerda, Op. 130 y 132, pero en 1826 el escándalo de su sobrino Karl le sumió en la postración, agravada por una neumonía contraída en diciembre. Sobrevivió, pero arrastró los cuatro meses siguientes una dolorosísima dolencia que los médicos calificaron de hidropesía (le torturaban con incisiones de dudosa asepsia) y que un diagnóstico actual tal vez habría calificado de cirrosis hepática.

Ningún familiar le visitó en su lecho de enfermo; sólo amigos como Stephan von Breuning, Schubert y el doctor Malfatti, entre otros. La tarde del 26 de marzo se desencadenó una gran tormenta, y el moribundo, según testimonia Hüttenbrenner, abrió los ojos y alzó un puño después de un vivo relámpago, para dejarlo caer a continuación, ya muerto. Sobre su escritorio se encontró la partitura de Fidelio, el retrato de Therese von Brunswick, la miniatura de Giulietta Guicciardi y, en un cajón secreto, la carta de la anónima «Amada Inmortal».

Tres días más tarde se celebró el multitudinario entierro, al que asistieron, de luto y con rosas blancas, todos los músicos y poetas de Viena. Hummel y Kreutzer, entre otros compositores, portaron a hombros el féretro. Schubert se encontraba entre los portadores de antorchas. El cortejo fue acompañado por cantores que entonaban los Equali compuestos por Beethoven para el día de Todos los Santos, en arreglo coral para la ocasión. En 1888 los restos fueron trasladados al cementerio central de Viena.


Fuente: Biografias y vidas


Obras


[editar] Críticas

[editar] Imágenes

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[editar] Copying Beethoven: Trabajo de los alumnos

[editar] Aspectos técnicos

Dirección: Agnieszka Holland.

Países: USA, Reino Unido y Hungría.

Año: 2006.

Duración: 104 min.

Género: Drama.

Interpretación: Ed Harris (Ludwig van Beethoven), Diane Kruger (Anna Holtz), Nicholas Jones (archiduque Rudolph), Matthew Goode (Martin Bauer), Ralph Riach (Wenzel Schlemmer), Joe Anderson (Karl van Beethoven), Bill Stewart (Rudy), Angus Barnett (Krenski).

Guión: Christopher Wilkinson y Stephen Rivele.

Producción: Sidney Kimmel, Christopher Wilkinson, Stephen Rivele y Michael Taylor.

Música: Maggie Rodford.

Fotografía: Ashley Rowe.

Montaje: Alex Mackie.

Diseño de producción: Caroline Amies.

Dirección artística: Paul Ghirardani y Lorand Javor.

Vestuario: Jany Temime.

Estreno en España: 20 Octubre 2006.

Premios: Nominada al Goya a Mejor película Europea 2007, Premio CEC 2006 del Festival de Cine de San Sebastián, Premio del Consejo Nacional de Crítica de Cine de EEUU 2006


SINOPSIS

Anna Holtz es una joven compositora que estudia en el conservatorio de música de Viena. Su vida gira entorno al intento de encontrar un hueco destacado en el mundo de la música, un mundo de hombres. Gracias a una recomendación, consigue trabajo en una importante editorial que le lleva a colaborar con el más importante de los artistas, Ludwig van Beethoven. Anna tiene que demostrar en todo momento sus dotes y valía para la composición, una perseverancia que se recompensa con el puesto de copista de Beethoven en vísperas del estreno de la "Novena Sinfonía". La actriz alemana Diane Kruger ("Troya") protagoniza este film ambientado en la Viena de Ludwig van Beethoven, papel interpretado por Ed Harris ("Las horas"), actor cuatro veces candidato a los Oscar. La película, una coproducción entre el Reino Unido y Hungría, está dirigida por Agnieszka Holland ("El jardín secreto"). El reparto se completa con la presencia de Matthew Goode ("Match Point"); Joe Anderson, que debutó en el cine con su papel en "Creep", junto a Franka Potente, y Ralph Riach ("La casa de la alegría"). Una cinta sobre los últimos años de la vida del compositor y las circunstancias que propiciaron la creación de su "Novena Sinfonía".


BANDA SONORA


DISPONIBLE EN SPOTIFY: https://open.spotify.com/album/5818wx82L7wCquss3XlSeN

VÍDEO EN YOUTUBE DE LA 9ª SINFONÍA (ESCENA DE LA PELÍCULA): https://www.youtube.com/watch?v=50Kk9DWOoqw


LICENCIAS NARRATIVAS

La película se remonta al año 1824 durante la composición de la Novena Sinfonía de Beethoven. A lo largo de la película se muestra a Beethoven como muy duro de oído, pero todavía capaz de entender una conversación en voz alta con una persona o el sonido de un piano de cerca. En realidad, Beethoven se quedó totalmente sordo siete años antes en 1817. La Novena Sinfonía se compuso cuando el compositor ya era completamente sordo.

El trabajo de copia del manuscrito de la partitura fue debido en realidad a dos copistas, ambos varones, y no a una mujer como se muestra en la película. Ninguno de los copistas contribuyó ni alteró en forma alguna la partitura original de Beethoven. De hecho, éste les amonestaba por cualquier desviación que se produjera con respecto de la partitura manuscrita original, por pequeña que fuera. En la película, Beethoven hace una alusión a su sonata Claro de Luna. Se trata de un anacronismo, ya que su Sonata número 14, Opus 27 número 2, no fue denominada Claro de Luna hasta varios años después de la muerte del compositor.

Parte de la película se centra en la insistencia de Beethoven en dirigir su Novena Sinfonía en su estreno y se muestra a Beethoven dirigiéndola. Aunque este es un tema controvertido debido a su sordera, parece que Beethoven estuvo presente en el podio del director, aunque tal vez no dirigiendo personalmente. Varios detalles del estreno están representados tal y como ocurrieron en la realidad, como el hecho de que le giraron hacia la audiencia para que viera el aplauso. La última aparición documentada de Beethoven como ejecutante, tuvo lugar una década antes, en 1811.

[editar] Biografía de Ludwig Van Beethoven

Infancia

Ludwig van Beethoven, nace en 1770, en el 515 de la Bonngasse, Bonn. Su familia llevaba dos generaciones en dicha ciudad. Su abuelo, era maestro de capilla de la orquesta del príncipe elector de Colonia. Su padre, músico y tenor de la corte electoral. intentando emular a Mozart, su padre Johann le instruyó musicalmente de una forma severa, lo que impulsó el fracaso del joven Beethoven presentado como niño prodigio en actuaciones públicas. Incluso su verdadera edad era ocultada para impresionar aún más al público. Las obsesiones del padre le llevaron a que Beethoven recibiera clases de piano, órgano y clarinete desde temprana edad, estas lecciones de música le llevaron a faltar a clase relativamente a menudo. La disposición sin embargo que Beethoven sentía por la música, hizo que se volcara totalmente en ella, a pesar de las numerosas palizas que le propinaba su padre levantándolo de la cama para sentarlo ante el clave. Incluso se cuenta que le reñía severamente cuando lo oía improvisar. Gracias a un músico llamado C.G. Neefe (que fue quien valorando su talento publicó sus primeras notas),entre 1782 y 1783, Beethoven entró en el teatro de la corte en calidad de ayudante suyo, donde pudo acceder a numerosos ensayos de las óperas que allí se representaban. Su primera actuación fue a los 7 años en colonia y a la edad de 12 años se le ofreció el trabajo de músico de la corte del príncipe elector de Colonia. Este oficio le permitiría sobre todo, establecer amistades con nuevos círculos sociales, algunas de ellas para toda la vida.

En 1787 realiza un viaje a Viena sufragado por su mecenas, el conde de Ferdinand von Waldestein. Las leyendas cuentan que en esta ciudad tuvo un breve encuentro con Mozart el cual dijo de él: “recuerden a este joven que hará que le mundo hable de él”. Tras caer su madre enferma, vuelve a su ciudad natal donde tras su muerte y el encarcelamiento del padre por trifurcas relacionadas con el alcohol se ve obligado a cuidar y mantener a sus hermanos.

Analizaré el resto de la vida del compositor en función de los tres periodos musicales en los que podría dividirse su carrera musical según el escritor Wilhelm von Lenz.


· Periodo temprano (hasta 1803)

En 1792 vuelve a viajar a Viena. Es en este periodo donde empieza a percibir la perdida de audición, pérdida que le acompañará toda su vida, que marcará sus composiciones y definirá en gran medida su carácter. Comenzará también a recibir clases de composición de Haydn, Johann Georg Albrechtsberger etc. Este periodo incluirá entre otras obra la sonata patética o la primera y segunda sinfonía. Durante este periodo se ganó el respeto de nobles y clero a pesar de las constantes disputas con ellos debido a su fuerte carácter.

· Periodo intermedio o eroico (1803-1814)

Durante este periodo la sordera del músico dará lugar a una crisis personal. Esta destacada por obras que denotan heroísmo y lucha. De este periodo serán claro del luna,y la cuarta, quinta, sexta, séptima y octava sinfonía.

· Periodo Tardío

Comienza sobre 1815 y acaba con la muerte del artista en 1827, durante este periodo se creará y estrenará la novena sinfonía, uno de los ejes de la película. murió el 26 de marzo de 1827 en Viena.

[editar] Beethoven y su sordera

Poco después de presentar su Primera Sinfonía, cuando empezaba a despuntar su carrera como compositor, Ludwig van Beethoven comenzó a notar los primeros síntomas de su sordera. "Las frecuencias que oía peor las iba utilizando menos", señalan los responsables del artículo, publicado en el 'British Medical Journal' (BMJ). Después de analizar varias de sus obras y observar los registros, el tipo de notas, la instrumentación, etc., los investigadores concluyeron que, efectivamente, su patología sí parecía haber influido en su arte. "Al principio, la pérdida de audición empezó con las notas más agudas. A medida que la sordera avanzaba, Beethoven tendía a usar más las bajas y medias". Intentaba compensar esta deficiencia. "En 1814 se sirvió de una trompeta para poder oír sus composiciones y en 1817, con el mismo objetivo, hizo construir un piano con cuerdas más tensas". La sordera de este gran compositor no estaba provocada por la música, sino por una enfermedad. Existen varias hipótesis al respecto. Como en el siglo XVIII y XIX aún no había ni herramientas para diagnosticar ni los conocimientos que hoy en día tenemos, no se sabe con claridad el origen. Por ese desconocimiento, evolucionó con tanta rapidez. En cuestión de 10 años, de 1814 a 1826, se quedó totalmente sordo.

INTENTOS DE BEETHOVEN DE CURAR SU SORDERA

Dejemos a Beethoven mismo contarnos acerca de los tratamientos que le fueron recetados por sus doctores, para su sordera y sus “entrañas” (he aquí un extracto de la misma carta de Beethoven a Franz Wegeler, de 1801):

“La causa de esto debe ser la condición de mis tripas que, como sabes, ha sido siempre terrible y ha estado poniéndose peor, ya que siempre estoy aquejado de diarrea, lo que me causa una increíble debilidad. Frank (el Dr. Frank) quería tonificar mi cuerpo con medicinas de tónico, y restaurar mi oído con aceite de almendras, pero--- prosit, no pasó nada, mi oído se puso peor y peor, y mis entrañas permanecieron en el estado en que se encontraban. Esto duró hasta el otoño del año pasado y a menudo me sentí desesperado. Entonces apareció un medico asno, que me recetó tomar baños fríos para mi salud. Otro medico mas sensato me receto el usual baño tibio del Danubio. Esto funciono maravillosamente, mis tripas mejoraron, pero mi sordera se quedo igual inclusive peor. Este último invierno me sentí realmente miserable, tuve ataques terribles de cólicos y volví a mi condición anterior. Así permanecí hasta hace 4 semanas atrás, cuando fui a ver a Vering, pensando que mi condición demandaba un cirujano, y por otra parte tenia gran confianza en el. Tuvo éxito casi completamente en parar la terrible diarrea. Me prescribió baño tibio de Danubio, dentro del cual debía echar cada vez una pequeña botella de líquido fortalecedor. No me dio ninguna otra medicina hasta hace cuatro días, entonces me prescribió píldoras para mi estomago y una clase de hierbas para mi oído. Desde entonces puedo decir que me siento mejor y más fuerte, excepto por mis oídos que zumban constantemente, día y noche.”


POSIBLES ORIGENES DE LA SORDERA

El Dr. Wagner realizo la autopsia de Beethoven luego de su muerte el 27 de Marzo de 1827. He aquí un corto extracto: "...El cartílago del oído es de enormes dimensiones y de forma irregular. El hoyuelo del escafoides, y sobre todo la aurícula, son de dimensiones inmensas, y de una vez y media la profundidad usual...”

100 años más tarde, el Doctor Marage pensó que la sordera del compositor era debida a una laberintitis, de origen interno, lo que es lo mismo que decir tenia una lesión del oído interno. Según el Dr. Marage, que había estudiado las cartas de Beethoven cuidadosamente, los sonidos de zumbido y otros sonidos comenzaron alrededor de 1796. La sordera apareció en 1798. Es su opinión que para 1801 Beethoven había perdido el 60% de su posibilidad auditiva y que para 1816 se encontraba completamente sordo.

El Dr. Marage explica que todo el sistema auditivo de Beethoven era hiper-sensitivo y que por esto se encontraba más proclive a enfermarse. La teoría de Marage es entonces la de laberintitis: “...Cuando la sordera comienza con los sonidos altos y sobre todo cuando es precedida por sonidos zumbantes, sibilantes y una exagerada sensibilidad a la vos gritando, esto es causado por una lesión interna, lo que es decir que hay un problema con el laberinto del oído y los centros cerebrales, de los cuales salen las ramas de nervio acústico...”

Los autores afirman: “...Nunca sabremos realmente el estado de su osciles pero según lo escrito por Beethoven, las fechas y los síntomas que describe, se pueden hacer las siguientes observaciones: Se trata del comienzo de la sordera en un hombre joven, sin previa inflamación del oído, sin problemas de audición heredados en la familia, una progresiva perdida de audición mas allá de los distintos tratamientos a los que se sometió...” Ambos autores suponen: “—o bien neurolaberintitis, u otoesclerosis...” Y en relación a la causa: “...la gran causa de sordera en la época: sífilis”.

Imagen:Otosclerosis.jpg


Imagen:Laberintitis.jpg

EL GENIO Y SU SORDERA

La sordera fue alterando la vida social de Beethoven, quien cada vez encontraba más dificultades para comunicarse con sus amigos; pasó los últimos años de su vida casi totalmente aislado de amigos y admiradores porque le era penoso que su invalidez se hiciera aparente, relacionándose solamente con algunos de sus amigos a través de los «cuadernos de conversación», que le sirvieron como medio de comunicación. Consulta a los mejores otólogos de la época sin ningún resultado. Esa frustración lo lleva incluso al intento de suicidio. Era la época en que el sordo abandonaba los consultorios sin encontrar el menor alivio y ni siquiera la esperanza de una prótesis auditiva ni de las intervenciones quirúrgicas con que hoy la moderna audiocirugía los ha favorecido. Así, el maestro fue perdiendo las esperanzas de recuperar su audición y se vuelve melancólico y extraño adquiriendo la personalidad de un neurótico auditivo.

Se quejaba de la frustración en su vida que había tenido al no poder llevar una vida social como deseaba y tener que estar reducido a la soledad. El profundo amor al arte frustró el intento de suicidio y según sus propias palabras prolongó su vida miserable. Carente de atractivos físicos, tuvo grandes admiradoras que formaban parte de la nobleza pero que sólo fueron para él sublimes en la amistad

Beethoven había entablado contacto con el inventor Johann Mäzel, que le construyó varios instrumentos para ayudarlo con sus dificultades auditivas, como cornetas acústicas o un sistema para escuchar el piano. En la película se muestra precisamente uno de estos artilugios, que usa para amplificar las vibraciones del sonido y redirigirlas hacia sus oídos.

Su carácter, ya de por sí especial, se fue ennegreciendo más aún con la sordera. Su música evolucionó igualmente pues empezó a evitar las notas más agudas que le costaba oir, y conforme la pérdida de audición aumentaba, su composición se fue haciendo más puramente teórica y fabricada desde el ámbito de la introspección y lo conceptual.


[editar] Testamento de Beethoven

Para mis hermanos Carl y….... (Johann) van Beethoven:

¡Oh, hombres que me juzgáis malevolente, testarudo o misántropo! ¡Cuán equivocados estáis! Desde mi infancia, mi corazón y mi mente estuvieron inclinados hacia el tierno sentimiento de bondad, inclusive me encontré voluntarioso para realizar acciones generosas, pero, reflexionad que hace ya seis años en los que me he visto atacado por una dolencia incurable, agravada por médicos insensatos, estafado año tras año con la esperanza de una recuperación, y finalmente obligado a enfrentar el futuro una enfermedad crónica (cuya cura llevará años, o tal vez sea imposible); nacido con un temperamento ardiente y vivo, hasta inclusive susceptible a las distracciones de la sociedad, fui obligado temprano a aislarme, a vivir en soledad, cuando en algún momento traté de olvidar es, oh, cuan duramente fui forzado a reconocer la entonces doblemente realidad de mi sordera, y aun entonces, era imposible para mi, decirle a los hombre, habla mas fuerte!, grita!, porque estoy sordo. Ah! Como era posible que yo admitiera tal flaqueza en un sentido que en mi debiera ser mas perfecto que en otros, un sentido que una vez poseí en la mas alta perfección, una perfección tal como pocos en mi profesión disfrutan o han disfrutado –Oh, no puedo hacerlo, entonces perdonadme cuando me veáis retirarme cuando yo me mezclaría con vosotros con agrado, mi desgracia es doblemente dolorosa porque forzosamente ocasiona que sea incomprendido, para mi no puede existir la alegría de la compañía humana, ni los refinados diálogos, ni las mutuas confidencias, solo me puedo mezclar con la sociedad un poco cuando las mas grandes necesidades me obligan a hacerlo. Debo vivir como un exilado, si me acerco a la gente un ardiente terror se apodera de mi, un miedo de que puedo estar en peligro de que mi condición sea descubierta – así ha sido durante el año pasado que pasé en el campo, ordenado por mi inteligente medico a descansar mi oído tanto como fuera posible, en esto coincidiendo por mi natural disposición, aunque algunas veces quebré la regla, movido por mi instinto sociable, pero que humillación, cuando alguien se paraba a mi lado y escuchaba una flauta a la distancia, y yo no escuchaba nada, o alguien escuchaba cantar a un pastor, y yo otra vez no escuchaba nada, estos incidentes me llevaron al borde de la desesperación, un poco mas y hubiera puesto fin a mi vida – solo el arte me sostuvo, ah, parecía imposible dejar el mundo hasta haber producido todo lo que yo sentía que estaba llamado a producir, y entonces soporté esta existencia miserable – verdadera mente miserable, una naturaleza corporal hipersensible a la que un cambio inesperado puede lanzar del mejor al peor estado – Paciencia – Esta dicho que ahora debo elegirla para que me guíe, así lo he hecho, espero que mi determinación permanecerá firme para soportar hasta que a las inexorables parcas les plazca cortar el hilo, tal vez mejoraré, tal vez no, estoy preparado. Forzado ya a mis 28 años a volverme un filósofo, oh, no es fácil, y menos fácil para el artista que para otros – Ser Divino, Tu que miráis dentro de lo profundo de mi alma, Tu sabes, Tu sabes que el amor al prójimo y el deseo de hacer el bien, habitan allí. Oh, hombres, cuando algún día leáis estas palabras, pensad que habéis sido injustos conmigo, y dejad que se consuele el desventurado al descubrir que hubo alguien semejante a él, que a pesar de todos los obstáculos de la naturaleza, igualmente hizo todo lo que estuvo en sus manos para ser aceptado en la superior categoría de los artistas y los hombres dignos.

Ustedes, mis hermanos Carl y ……, tan pronto cuando este muerto, si el Dr. Schmidt aun vive, pídanle en mi nombre que describa mi enfermedad y guarden este documento con la historia de mi enfermedad de modo que en la medida de lo posible, al menos el mundo se reconcilie conmigo después de mi muerte. Al mismo tiempo los declaro a los dos, como herederos de mi pequeña fortuna (si puede ser llamada de esa forma), divídanla justamente, acéptense y ayúdense uno al otro, cualquier mal que me hayáis hecho, lo sabéis, hace tiempo que fue olvidada. A ti, hermano Carl te doy especialmente las gracias por el afecto que me has demostrado últimamente. Es mi deseo que vuestras vidas sean mejores y mas libres de preocupación que la mía, recomendad la virtud a vuestros hijos, esta sola puede dar felicidad, no el dinero, hablo por experiencia, solo fue la virtud que me sostuvo en el dolor, a esta y a mi arte solamente debo el hecho de no haber acabado mi vida con el suicidio – Adiós, y quiéranse uno al otro – Agradezco a todos mis amigos, particularmente al Príncipe Lichnowsky y al Profesor Schmidt – Deseo que los instrumentos del Principe L, sean conservados por uno de ustedes, pero que no resulte una pelea de este hecho, si pueden serviros de mejor fin, véndanlos, me sentiré contento si puedo seros de ayuda desde la tumba – con alegría me acerco hacia la muerte – si esta llega antes de que tenga la oportunidad de mostrar todas mis capacidades artísticas, habrá llegado demasiado temprano, no obstante mi duro destino y probablemente desearé que hubiera llegado mas tarde – pero aun así estaré satisfecho, no me liberará entonces de mi interminable sufrimiento? Vengas cuando vengas, te recibiré con valor- Adiós y no me olvidéis completamente cuando este muerto, merezco eso de ustedes, habiendo yo pensado en vida tantas veces acerca de cómo hacerlos felices, sedlo -

Heiglnstadt Octubre 6, 1802 Ludwig van Beethowen

Imagen:TestamentoBeethoven.jpg

Para mis hermanos Carl y ……………. Para ser leído y ejecutado después de mi muerte

Heiligenstadt, 10 de Octubre de 1802, entonces de esta forma me despido de ustedes- y tristemente en verdad- si esa amada esperanza que traje conmigo cuando llegue de curarme al menos en parte – debo abandonar completamente, igual que las hojas de otoño caen y se marchitan así se ha destruido la esperanza – me voy – hasta el alto coraje - que a menudo me inspiro en los bellos días de verano – ha desaparecido – Oh, Providencia – otórgame al menos un día de pura felicidad - hace tanto tiempo desde que la verdadera felicidad resonó en mi corazón – oh cuando – oh cuando, Oh Divinidad – la encontraré otra vez, en el templo de la naturaleza y de los hombres – Nunca? no – Oh eso seria demasiado duro

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